Blake Stewart
En cuanto Logan me soltó la boca, no hubo palabras. No hubo reproches ni explicaciones. Solo el sonido de nuestras respiraciones entrecortadas en la penumbra de la habitación, un ritmo salvaje que parecía sincronizarse con el latido de la ciudad que rugía catorce pisos abajo. Me giré en sus brazos, buscando su rostro en la oscuridad, y cuando mis ojos se encontraron con los suyos, el mundo exterior simplemente dejó de existir.
Logan me tomó el rostro con ambas manos. Sus palmas es