Logan Christian
El silencio en la habitación se volvió tan denso que podía oír el zumbido de la ciudad filtrándose por el cristal. Tenía la caja entre mis dedos, un trozo de cartón que pesaba más que todo el oro de los Stewart. Miré a Blake. Sus ojos estaban anclados en los míos, brillantes, aterrados y, al mismo tiempo, cargados de una verdad que me estaba golpeando el pecho como un mazo.
—Blake —susurré, y sentí que mi voz se quebraba de una manera que me avergonzaría frente a cualquier otro