Blake Stewart
La luz pálida del amanecer se filtraba por las cortinas de mi cabaña, bañando el suelo de madera con un resplandor dorado. Abrí los ojos, pero mi mente ya estaba en una vorágine. El recuerdo de los labios de Logan sobre los míos, el sabor a café y a una promesa susurrada, era más real que el suave edredón que me cubría. Mi cuerpo aún vibraba con el eco de su abrazo, y mi corazón latía con una síncopa irregular que no había sentido en una década.
—Idiota, idiota, idiota —murmuré, g