El silencio en la planta baja de la mansión Christian tenía una textura diferente a la del resto de la casa. Arriba, en lo que solía ser mi mundo compartido con Logan, el aire vibraba con la energía del deseo, las discusiones y la vida en pareja. Aquí abajo, en mi nuevo "santuario" editorial, el silencio era denso, casi clínico. Logan había transformado la habitación de invitados en una oficina digna de un alto ejecutivo de Nueva York, pero por mucho que las estanterías de roble olieran a mader