Jagger Stewart
El silencio en el loft de Arielle no era como el de la mansión. Aquí no había muros cargados de secretos centenarios ni el aire viciado por la sobreprotección de Logan. El ambiente olía a madera de cedro, a cuerdas de guitarra y a ese perfume cítrico que Arielle desprendía, una fragancia que se me había instalado en los pulmones desde el primer día que la vi y que se negaba a abandonarme.
Me dejé caer en el sofá, frotándome las sienes. El peso del manuscrito que Blake acababa de