Logan Christian
El rugido del motor de mi camioneta era el único sonido que se atrevía a desafiar la paz de las afueras de Nashville. Conduje por el camino de grava que serpenteaba a través de las cincuenta hectáreas de mi finca, sintiendo cómo la tensión de tener a Blake a pocos metros de distancia durante todo el día empezaba a pasarme factura.
A lo lejos, la casa principal se alzaba como un monumento al triunfo sobre la miseria. Era una mansión de estilo colonial, de un blanco inmaculado que