Blake Stewart
El estudio de grabación de Empire Records no era un lugar; era un organismo vivo. Las luces tenues de color ámbar, el olor a café cargado y el zumbido constante de los equipos electrónicos creaban una burbuja donde el tiempo de Chicago no parecía existir. Allí dentro, las horas no se median en minutos, sino en compases y rimas.
Llevaba tres días trabajando con Arielle. Al principio, la chica era un muro de hormigón armado. Se sentaba con su guitarra, me miraba con recelo y se nega