Capítulo treinta y ocho.
Por ti
Antonella.
Espere unos segundos que fueron eternos, ¿Qué podía decirle? No podía asegurarle que era un Ferrara y mucho menos podía negarlo. Porque no lo sabía, pero algo en mi interior me gritaba desesperadamente que le mintiera. Quería alejarlo de Dante…
—Dante Moretti —respondí.
El doctor me miró, revisó la tabla de información, algo me decía que esto no iba a convencerlo fácilmente.
—¿Tiene la identificación de su esposo?
—Trabajamos en el hotel Ferrara, su identificación se ha quedad