Capítulo treinta y nueve.
¡Dante está vivo!
Lorenzo
Habían pasado ya muchas semanas, quizá había perdido la cuenta porque lo único que deseaba era olvidar, sin embargo, no podía hacerlo. Dante descansaba en el panteón familiar y no había día que no caminara hasta aquí para dejarle flores y charlar con él.
Era loco, quizá enfermo, pero sin Dante mi vida no tenía sentido. Era él todo mi mundo y aunque Federico insistía en llevarme a Amalfi para desarrollar el proyecto, odié la idea, Amalfi fue la causa por la que mi niet