Alejandra.
La cara de Jonathan no tiene precio, esa es la parte emocionante de cuando le vas a dar una sorpresa a alguien, ver su reacción y debo admitir que la perplejidad de Jonathan me causa una satisfacción absoluta, él me ayuda a bajar y después toma las maletas deteniéndose a la puerta de cristal que lleva del helipuerto a la magnífica casa.
Mientras él se mantiene ahí estático hablo con el piloto que me da unos cuantos números de teléfono para cualquier emergencia y un pequeño maletín que contiene un teléfono satelital por si llegásemos a tener problemas con la señal, después me acerco a donde está Jonathan y le doy una palmadita en el hombro.
— Vamos dentro.
Al escucharme él parece salir de su trance, escucho sus pasos siguiéndome de cerca, miro el llavero que me dio el propietario y localizo la llave que dice “helipuerto” abro y entramos al interior que solo se trata de un pasillo, al cerrar la puerta escucho el despegue del helicóptero; avanzamos y llegamos a la zona centr