Alejandra.
La cara de Jonathan no tiene precio, esa es la parte emocionante de cuando le vas a dar una sorpresa a alguien, ver su reacción y debo admitir que la perplejidad de Jonathan me causa una satisfacción absoluta, él me ayuda a bajar y después toma las maletas deteniéndose a la puerta de cristal que lleva del helipuerto a la magnífica casa.
Mientras él se mantiene ahí estático hablo con el piloto que me da unos cuantos números de teléfono para cualquier emergencia y un pequeño maletín q