— Tengo algo para ti.
Odio tener que arruinar el momento, pero no se me ocurre mejor ocasión que esta, Alejandra aparta sus manos de mi rostro y retrocede, cuando abro los ojos me encuentro con una mirada llena de curiosidad en los de ella, le sonrío y me pongo de pie para ir directo a mi habitación, abro el primer cajón del buró al lado de mi cama y tomo la cajita negra, me apresuro a regresar a la sala de estar en donde Alejandra espera sentada aún, al ver la caja en mis manos noto como la incertidumbre la golpea, sé lo que parece, pero no se trata de un anillo de compromiso, no aún, me dejo caer en el sillón a su lado y le doy la caja, ella la toma con manos temblorosas, paso mi brazo por el respaldo del sillón tras ella, Alejandra permanece mirando la caja por varios segundos antes de hablar.
— ¿Qué es?
— Si no lo abres no podrás saber.
Ella sonríe ligeramente, después abre la caja y ahoga un grito al ver el contenido, es un par de aretes, dos hermosas esmeraldas brillantes de