Al día siguiente, Becca se levantó un poco más temprano, y decidía a captar la atención de Asher, tomo de su armario un smoking rojo ajustado que resaltaba el brillo de sus ojos y dejó caer su melena como una cascada oscura sobre los hombros. Se maquilló sutilmente, marcando apenas sus labios. Era fuego envuelto en elegancia.
Pero justo cuando intentaba abrir la puerta para salir, un grito desgarró la quietud de la casa.
—¿¡A dónde crees que vas vestida así!? —vociferó Bryan desde el pasillo—.