CAPÍTULO 39

—¿Puedo pasar?

—Por supuesto, sí, pasa.

Ella cerró la puerta luego de él entrar.

—Disculpa mis fachas, ya me iba a acostar.

Adam siguió de largo directo a la cocina. Abrió la nevera y se sirvió un poco de agua. Ella lo siguió.

—¿Quieres un poco?

Ella se echó a reír con la pregunta.

—Se supone que eso debo preguntártelo yo a ti—. Se acercó a él y le quitó la botellita de agua mineral de las manos, colocándola sobre la encimera más cercana. Cerró la nevera, y rodeó con sus brazos el cuello
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