—¿Puedo pasar?
—Por supuesto, sí, pasa.
Ella cerró la puerta luego de él entrar.
—Disculpa mis fachas, ya me iba a acostar.
Adam siguió de largo directo a la cocina. Abrió la nevera y se sirvió un poco de agua. Ella lo siguió.
—¿Quieres un poco?
Ella se echó a reír con la pregunta.
—Se supone que eso debo preguntártelo yo a ti—. Se acercó a él y le quitó la botellita de agua mineral de las manos, colocándola sobre la encimera más cercana. Cerró la nevera, y rodeó con sus brazos el cuello