Desenfreno, esa era la palabra indicaba para lo que estaba ocurriendo entre Mark y yo. Me sentía en llamas, el calor era incalculable, mi instinto pura pasión.
—Te odio, te haré sufrir mucho. —dijo él, mordiendo mi cuello, haciendo que gimiera.
Me penetró con firmeza, provocando que me corriera en unos pocos minutos. Su virilidad era tan prominente que no podía aguantar tanto tiempo. Solté otro gemido. La música a nuestro alrededor continuaba, las luces incandescentes brillaban por la oscuridad