—Sara, Sara… Maldición. ¡Quédate conmigo! —gritó Mark, podía escucharlo entre los zumbidos de mi cabeza.
Las voces, joder, como me confundían. No lograba saber si estaba en un sueño o me había desmayado. Pero los fragmentos de realidad que podía ver, eran borrosos, Mark me llevaba en sus brazos de vuelta a la mansión.
El camino era largo y aún así, pareció como si fuera sumamente corto. Porque yo dormía, perdía la consciencia por horas. Me daba cuenta de ello porque Mark me zamarreaba desespera