Camila
En casa continuamos con la investigación. La oficina de Julián estaba acondicionada para una sola persona, él dijo que no era cómoda, así que llevó su computadora portátil a la sala y nos acomodamos allí, entre mi libreta de notas, los bolígrafos y los cojines.
—Huele delicioso. —Julián aspiró con fuerza cuando me senté a su lado y le entregué la taza de mokachino.
Sonreí y me senté en el suelo a su lado, con la espalda recostada del sofá. Tomé un sorbo de café y miré la pantalla de la c