Camila
—¿Camila, pasa algo? —volvió a preguntar Julián.
Los ojos cafés de Emilio se clavaron en los míos y empezó a caminar hacia nosotros sin dejar de observarme.
—E- Emilio —dije casi sin aliento.
—Hola, Camila —contestó él y miró hacia Julián con indiferencia—. Necesitamos hablar a solas.
—No, no quiero ha- hablar contigo — tartamudeé temblando.
—Pues tendrás qué hacerlo. —Emilio sujetó bruscamente mi muñeca y dio dos pasos quedando muy cerca de mí.
Julián frunció el ceño, miró la mano que a