Capítulo 40. Naufrago de mis propias emociones.
El aire estaba impregnado de un perfume a rosas y jazmín, proveniente de los exuberantes jardines que rodeaban la majestuosa mansión. Cada pétalo parecía emitir un susurro suave y seductor, pero para Lizbeth, el aroma era una mera brisa en comparación con la tempestad de emociones que la embargaba.
Mientras Sebastián intentaba retener su mano, ella se resistía, evitando su mirada. Temía que, al hacerlo, su vulnerabilidad quedara al descubierto. Ya una vez la juzgó por creerla enamorada en un m