Capítulo 34. Jugando con el fuego.
―Ella no es quien para reprender a mis empleados.― bramó, intentando bajar los pies de la cama, pero Lizbeth se interpuso.
―Ves, harás algo impulsivo, ¿vas a gritarle a tu abuela? ¡A esto me refiero!
Él la miró a los ojos y se sintió como un niño reprendido.
―Quiero ser de otra forma, anhelo controlarme, no ser de este modo, pero es como si fuera imposible― le confesó, observando que ella había colocado varios velones aromáticos en todo el cuarto también.
―Cuando sientas que perderás el control