Capítulo 30. ¡Qué ironía! 

Él dejó el lonche sobre el escritorio y corrió hacia la puerta para impedirle el paso, poniendo como obstáculo su propio cuerpo.

—No te utilicé. Mi reacción no se debió a ella, de verdad me hizo muy feliz que vinieras.

Lizbeth se echó a reír secamente.

—¿Y yo me chupo el dedo? ¿Te hizo feliz la presencia de la mujer con la que quieres satisfacer tus deseos, cuando estás con la que te quita el aliento?, ¡Qué ironía! ¡Que me hayan engañado una vez no significa que sea tonta! Pongamos las cosas c
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