—¿Dinero? —repitió con incredulidad.
¿Cómo puede pedirle más dinero si no tiene nada a su nombre? Ni una sola cuenta bancaria, ni una sola propiedad. Todo lo que posee está a nombre de Astrid, y ella se entera de cada movimiento que hace. Está atrapado en una jaula dorada, sin libertad ni autonomía.
Sintió un nudo en la garganta al mirar al cielo con desesperación, mientras la voz de Marietta seguía suplicándole.
—Por favor, entiéndeme. Los cien mil que te pedí no son suficientes para salvar a