Lyra
Amelia no había aceptado un «no» por respuesta, así que la acompañé a su oficina, ubicada en los laboratorios. No solía estar muchas horas allí, ya que trabajaba más desde casa, pero se avecinaban eventos por el lanzamiento del medicamento.
—Te aseguro que me vas a ser de mucha ayuda. Tienes un gusto exquisito, como lo tenía Antonia —me dijo mientras tomábamos un café—. Además, así usas tu tiempo en algo más productivo que ser un florero del idiota de mi hijo.
—Amelia…
—Esa es la verdad —m