48. No es a mí a quien debe gustarme.
— ¿Cómo te gustaría que te llamara?— le preguntó la joven con voz atrevida, llevando dos de sus dedos hacia su boca, mojándolos, lo suficiente, antes de llevarlo en medio de sus piernas, bajo sus braguitas, acariciando su clítoris, cerrando sus ojos, mientras llevaba su mano libre por su cuello, imaginando que eran los labios del abogado acariciando su piel con sus labios.
— Por mi nombre — él estuvo a punto de pedirle que lo llamara amo, pero eso sería adquirido algún tipo de responsabilidad s