127. Deja que se encarguen los agentes.
El sonido de la lluvia y los gritos de dolor de Eloise eran los únicos ruidos que se escuchaban en la calle, mientras Noelia, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho, trataba de llegar hasta donde se encontraba Armand, luchando contra la lluvia y el viento que le hacían difícil avanzar.
El cielo oscuro y nublado pareció romperse en un estruendoso trueno, retumbando en todo el lugar como si fuera a presagiar las peores desgracias. En ese instante, las primeras gotas gordas de lluvia com