47. Eloises, tú no eres una cobarde.
Mathew rogaba por qué los pasillos del jodido castillo se acortarán por arte de magia y llegar cuanto antes a su habitación, las insinuaciones de la chica lo tenían nervioso, alterado y a punto de perder el control de nuevo, sobre todo al tener todavía muy presente y fresco el recuerdo de cómo la había tomado en el laberinto solo unas horas antes no ayudaba a que pudiera recobrar la cordura con facilidad.
— Bueno, por fin llegamos — el alivio se sintió en su voz cuando paró frente a sus puertas