El tiempo se fue como si alguien hubiera pasado páginas a toda prisa.
En otro 1 de enero, Aitana volvió, como cada año, al santuario de las afueras para pedir por las niñas y los niños de la Casa Hogar Luz del Sol.
Amanecía fresco en la sierra. Aitana se ajustó la pashmina de cashmere, se arrodilló sobre el cojín de paja y rezó con calma. El humo del copal subía en espirales alrededor de la imagen del altar y ese olor dulce le aquietó el corazón. Luego caminó hasta el árbol de los deseos y ató u