Lo que más la sorprendió fue que, en lugar de enfurecerse, Fernando comenzó realmente a comer de aquellos platos recalentados. Daisy se quedó pensativa un instante. Luego se puso en pie y se encaminó a la puerta.
—Así que de veras tenías hambre… Pues adelante, come lo que gustes.
Fernando no se lo impidió. Sin embargo, cuando Daisy llegó al umbral, él habló con voz suave y pausada:
—¿Y qué tal va eso de la patente que Javier pretende registrar? ¿Ya está lista?
Daisy se detuvo sin darse vuelta:
—