Se encogió de hombros con cierto desdén.
—Acabas de mencionar a mi "exesposa". Hoy en día, para mí, ella no es más que una desconocida.
"Solo una desconocida…"
Por alguna razón, a Daisy le pesó escuchar esas palabras. Irónicamente, eso era justo lo que ella había querido: estar lejos de Fernando, que se vieran como dos extraños. ¿Por qué, entonces, sentía ese nudo en el pecho?
Se obligó a ignorarlo y contestó en voz baja:
—Gracias por su honestidad, señor Suárez. De todas formas, necesito un poc