Daisy esbozó una sonrisa y dijo:
—Entonces, ¿por qué no vas tú a buscarla?
—…Jefa, ¿ya lo sabías? —Enzo soltó una risa de autocompasión—. Claro, tan lista como eres, ¿cómo ibas a ignorar algo así?
—¿Qué se supone que sé? —preguntó Daisy con expresión perpleja—. Yo no sé nada. Solo sé que Nora me da un poco de lástima y que, por pura casualidad, lleva tu mismo apellido. Fuera de eso, no tengo idea de nada.
Enzo soltó una amarga carcajada.
—Ella es mi hermana, de sangre. En realidad, durante todos