Fernando volteó la cabeza y miró a Daisy. En sus ojos profundos como el mar se reflejaba una complejidad que nadie podría descifrar.
Al ver su reacción, Daisy pensó que él diría algo más; sin embargo, no sucedió.
Tomó la pluma y, con un gesto decidido, estampó su firma con trazos enérgicos.
Luego vinieron la revisión, el sello… ¡y listo!
En el instante en que le entregaron el acta de divorcio, Daisy sintió una liberación.
Sí, una liberación total.
Su matrimonio con Fernando había sido como una j