Blanca empujó a Fernando con impaciencia, obligándolo a ponerse de pie y acercarse a Daisy.
—¡Vamos, díselo!
Justo cuando Fernando iba a hablar, Daisy se le adelantó:
—Blanca, él no sabe mentir. No le insistas.
—Cuñada, te lo juro, mi hermano ya no siente nada por Frigg —afirmó Blanca con vehemencia—. ¿Acaso no sabes que Frigg y su madre van a ser condenadas? —Luego apuntó con el dedo a Fernando—. ¡Fue cosa de mi hermano! Si aún las quisiera, ¿por qué meterlas a la cárcel?
—Blanca… —Daisy la int