La bofetada de Fernando la interrumpió de golpe, haciéndole tragar todas las palabras que pensaba pronunciar.
Frigg se llevó la mano a la mejilla, aturdida por la bofetada. Tardó varios segundos en reaccionar:
—Fer, ¿no habías dicho que confiabas…?
No terminó la frase, porque Fernando le aferró el cuello con tanta fuerza que, de pronto, sintió cómo el aire se le escapaba del pecho, como un globo desinflándose. El terror de la asfixia la envolvió por completo.
Aturdida también por el golpe que Fe