Beatriz, presa del pánico y sintiendo los primeros y traicioneros efectos del fármaco recorriendo sus venas, una calidez falsa, un mareo ligero, se puso de pie tambaleándose. Con un último grito desgarrador de rabia y miedo, empujó a un guardia y salió corriendo del estudio como un alma que lleva el diablo, su desesperada huida resonando por los pasillos de la mansión.
Nadie la siguió. Su destino, a partir de ese momento, era asunto suyo.
Beatriz irrumpió en la fría tarde de la ciudad, con el v