La mirada de Aris Thorne pasó de Clara y el diapasón a Elara, la mujer temblorosa en la puerta. En su rostro, la fría fascinación se agrietó, revelando una fisura de auténtica consternación.
—Elara —dijo su nombre con un tono que pretendía ser calmante, pero que sonaba ha forzado—. Este no es tu módulo asignado. El estrés te ha sobrepasado. El sistema detectó tú de sincronización. Vamos a llevarte a un espacio seguro para estabilizarte.
—¿Estabilizarme? —La voz de Elara era un susurro áspero, p