El ascensor de emergencia los escupió en un vestíbulo de nivel medio, ahora iluminado por las sirenas rojas que giraban arrojando sombras danzantes y grotescas. El zumbido de fondo de 432 Hz había sido reemplazado por un silencio electrizante, roto solo por las alarmas, las voces confusas que llegaban desde fuera y el crujido lejano de la infraestructura estresada.
Samuel apoyó una mano en la pared, recuperando el aliento. —La frecuencia maestra está colapsada, pero la red de energía auxiliar e