El avión privado, facilitado por un fondo de inversión vinculado a Elara Finch, sobrevoló las últimas cordilleras antes de descender hacia un valle amplio y verde. Clara, Samuel y Gabriel observaban por las ventanillas. Lo que vieron no se parecía a ninguna ciudad que hubieran conocido.
Elysion-1 no era una metrópolis, sino un patrón geométrico perfecto incrustado en la naturaleza. Barrios hexagonales, conectados por avenidas radiales que convergían en una estructura central: una torre esbelta,