La Sala de los Cimientos de Cristal se había convertido en el epicentro de un silencio denso y eléctrico. El dispositivo de cristal, el «Núcleo de Hverfjall», reposaba sobre la mesa como un corazón alienígena latiendo en quietud. Junto a él, la carpeta de piel de Alistair parecía emanar frío. No era la amenaza explosiva de una bomba; era la amenaza insidiosa de una verdad completa, una que podía corroer los mismos principios que los sostenían.
Samuel fue el primero en moverse. Con manos enguant