El día del vigésimo aniversario amaneció con un cielo de un azul pálido y gélido, barrido por un viento fresco que olía a tierra húmeda y a hojas quemadas. No era el día perfecto y dorado que Olivia había imaginado meses atrás. Era algo mejor: era real, limpio, despejado. Como la claridad que ahora existía entre ellos, dolorosa pero incontestable.
Los preparativos en el Pabellón fueron mínimos y cargados de significado. Clara y Samuel habían colocado unos pocos bancos de madera rústica en semic