La mañana siguiente al duelo en el bosque amaneció con un cielo plomizo que se reflejaba en los charcos del camino de tierra. El Pabellón de los Ecos, a la luz del día, parecía una criatura herida: vidrios opacos por el rocío y el residuo químico, la puerta abierta de par en par como una boca boqueando. Lion y Olivia no habían regresado a la Fundación. Se quedaron en una pequeña posada cercana, atendidos por un médico de confianza de Gabriel que confirmó que no habría secuelas físicas duraderas