El Globe Theatre, reconstruido en la ribera sur del Támesis, era un fantasma de madera y yeso contra el cielo crepuscular de Londres. Para Samuel, cruzando el puente de Millennium con la soledad de un lobo herido, no era un monumento a Shakespeare, sino una trampa perfectamente escenificada. El "teatro de la memoria". Un lugar para representar papeles, para decir mentiras que sonaban a verdad. O para que una verdad aterradora saliera a escena.
El auricular en su oído era su único lazo con Gabri