La victoria del "Día de Puertas Abiertas" fue dulce, pero breve como un suspiro de verano. Tristan Voss no era un hombre que se rindiera ante la opinión pública o los gestos bonitos. Para él, eran variables sentimentales, irrelevantes en el frío cálculo del poder. Si no podía comprar el solar ni asfixiar el proyecto con papeleo, atacaría su esencia misma: su viabilidad económica y, sobre todo, su credibilidad.
El primer golpe llegó disfrazado de oportunidad. Un importante fabricante de material