El regreso a la mansión Winchester con Eliana fue una procesión silenciosa y reverente. No fue la llegada triunfal de un heredero, sino el ingreso solemne de un nuevo sol alrededor del cual todo orbitaría ahora. Andrés condujo el Bentley con una suavidad sobrenatural, como si transportara el vidrio más fino del mundo. Gabriel los esperaba en la entrada, con una sonrisa tranquila y los ojos brillantes, habiendo transformado la mansión en un santuario de calidez y seguridad perfectas. Hasta Samue