El Bentley se deslizó por las calles adoquinadas de Mayfair, alejándose de la fría geometría de Holloway. El silencio dentro del coche era distinto al de la ida. Ya no era la tensión de un campo de batalla, sino el agotamiento tranquilo de una guerra terminada.
Olivia miraba las gotas de lluvia que corrían por la ventana, dibujando caminos efímeros sobre el cristal. La imagen de Camila, reducida a una sombra iracunda en un uniforme beige, ya no le provocaba miedo ni rabia. Solo una pena profund