La luz de la mañana se filtraba por los ventanales del comedor, bañando los restos de un desayuno tranquilo. La tormenta de la noche anterior había dejado una calma tensa pero honesta. Lion observaba a Olivia sobre el borde de su taza de café. Ya no había rastro de la furia posesiva, ni de la desesperación sumisa. Había un cansancio sereno, un entendimiento mutuo forjado en el fuego de la confrontación.
—No podemos seguir así. —Dijo Olivia, rompiendo el silencio. Su voz era clara, sin rastros d