No entró. Simplemente se dio la vuelta y se marchó.
En ese momento, pensó que no importaba.
Mientras él estuviera a su lado, podría soportarlo todo.
¡No podía… no podía perder a Emiliano de nuevo!
Aquella noche, Álvaro no regresó a casa.
Gabriela sufrió una recaída de su depresión. Toda la noche sintió cómo sus huesos parecían quebrarse, como si un frío eterno se hubiera filtrado hasta su médula.
Se acurrucó en la cama, encogiéndose como un camarón, luchando contra el dolor.
Una y otra vez repro