Pequeña Gabriela, en aquellos días llamada Noelia, había sido la niña obediente de su madre. Aunque no recordaba la escena, el impacto se mantenía en ella, adherido como una promesa silenciosa: quedarse en silencio, a la espera de su madre, aun cuando nunca llegó.
Ese era el origen de su pérdida del habla.
Cuando Gabriela despertó, el dolor la atravesaba, desgarrador, y no pudo contener un llanto incontenible, un llanto que venía desde lo más profundo de su ser.
Cristóbal guardó silencio, perman