Gabriela, mientras caminaba de regreso a su habitación, solo podía pensar en una cosa: ¿quién había matado a sus padres? Tanto los García como los Rojo habían investigado lo sucedido, tenían los recursos y la influencia, ¿cómo era posible que no hubieran encontrado ninguna pista?
Absorta en sus pensamientos, Gabriela no notó una fina capa de hielo en la acera. Su pie resbaló, haciéndola perder el equilibrio.
—¡Cuidado!
Cristóbal, que iba justo detrás, la sujetó antes de que cayera.
Gabriela, pál