Un viento inusual, violento, soplaba a su alrededor, como si quisiera arrastrarla hasta el cielo. Gabriela miró a su alrededor: el autobús había desaparecido. Estaba sola, de pie en una planicie oscura y sombría.
Descalza, sentía cómo las raíces secas y duras de la hierba le rasgaban la piel, haciéndole sentir una punzada dolorosa que, a la vez, le producía comezón.
El zumbido y los ruidos confusos volvían a sus oídos, cada vez más intensos.
—Estoy aquí, no te dejaré. Ve, busca la razón por la q