—Si quieres ir de vacaciones, puedo organizarlo —respondió él, sin comprometerse.
—Me da miedo… —dijo Noelia, su voz temblando aún más—. Si no estás conmigo, temo que esas personas vayan a buscarme.
Hubo un breve silencio en la línea. Álvaro, con la mano en el volante, miró a través de la noche, enfocándose en el edificio del hospital. En ese preciso momento, una camioneta Jeep se detuvo frente a la salida peatonal, y él vio a Gabriela correr hacia el vehículo.
El conductor, un hombre alto, bajó