Quizá se debía a que en su infancia, durante esos años con sus padres, había recibido un amor incondicional. Incluso en el orfanato, donde nadie quiso adoptarla por su mutismo, Gabriela rara vez experimentó inseguridades. En especial en su adolescencia, siempre sintió que era la mejor, la más sobresaliente.
Una vez Colomba le comentó, medio en broma y medio en serio, que tal vez «Dios temía que fueras tan perfecta que decidió quedarse con tu voz». Aquella noche, en su diario, Gabriela escribió: